La tragedia de normalizar lo inhumano 🚩 Cuando la pobreza deja de ser una emergencia y se convierte en un dato técnico en un Excel, hemos cruzado una línea peligrosa: el triunfo del cinismo.
Nos han anestesiado con discursos sobre el “ajuste necesario” y la “libertad de mercado”, mientras en la realidad territorial, la desigualdad se inyecta directamente en la biología. Como plantea Achille Mbembe, el poder ya no solo gestiona la vida, sino que decide quién “importa” y quién puede ser descartado. Esto no es un daño colateral de un modelo económico; es la matriz misma sobre la que se construye.
Estamos ante una verdadera masacre silenciosa.
No es normal que, en un país con capacidad para producir alimentos para cientos de millones, el territorio se quede con la desnutrición mientras el agronegocio exporta la riqueza. Cuando aceptamos esto como “el costo de crecer” o “algo que hay que pasar”, estamos validando un sistema que prioriza los números sobre la vida humana.
La pregunta no es solo qué nos está pasando, sino: ¿En qué momento perdimos la capacidad de indignarnos al ver a otro ser humano buscando comida en la basura?
La deshumanización es la herramienta más efectiva del individualismo. Romper con ese ciclo empieza por recuperar la mirada, la empatía y la conciencia de que nuestra indiferencia es el combustible que mantiene encendido este sistema de exclusión.
Referencias
Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Melusina.
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de vigilancia: La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder. Paidós.