2028 días 124 actualizaciones 8 en linea 6 en movimiento 1 mensaje

0 notificaciones
0 configuraciones

anom
OP anom GFqQOsKCHrj9 16
Criminal doble
"Jefe. Asesinaron a mi vecino. Debo ausentarme, soy consciente de que tengo muchas ausencias pero sabe bien que en casos cercanos a mí es mejor que me presente. Por otro lado y esto facilita mucho el caso, el otro día estuve en el lugar del crimen y memoricé lo posible como bien sabe usted que hago adonde voy. Le aseguro que hallaré hoy mismo al criminal, culpable mejor dicho. " Tito envió el mensaje. Al desayunar, acabó en su bibliotequita el cuento de Lovecraft que le faltaba tras bostezar y perderse por soñoliento entre las líneas. Por alguna razón encontró el libro en la estantería equivocada (¿quién lo habrá movido? Yo lo dejé ahí mismo anoche), y volvió a la cocina para hablar con su mujer. —Amor, ¿tienes ahí los antidepresivos? —dijo con uñas entre sus dientes—. Ya con solo ver una mota de polvo en el libro me puse loco, imagínate ahora cuando vaya pá lo del caso. —Están ahí encima del refrigerador. —Cuando tomó su esposo esas dolorosas pastillas, le dijo—: Ayer en la noche estabas alborotao y hablando solo, me dabas hasta miedo, ya no es lo mismo que las otras veces donde de pronto me hacías el amor. —Mami, estoy lleno de estrés todo el día por el trastorno ese y lo del niño en tu barriguita. Tiene que salir de alguna manera, eso antidepresivo quitarán algo, pero el cuerpo es más fuerte. Y con lo jabao que soy, imagínate. —Tito, eso es un problema hasta pá mí. Vamos al médico cuando podamos, por favor, hazme caso. —Sí, mujer, lo que digas. Cuando besó a su esposa, notó que en su hombro había polvo. —¿Entraste a la biblioteca hace un rato? —Ah, sí, limpié un poco y me cambié de ropa porque salí empolvada. Tito ató cabos sueltos: su esposa había movido el libro cuando limpió (y de seguro también limpió mis huellas de la polvorienta portada). Preparado, se despidió y fue a casa de Leandry, su vecino, donde, según dijeron las viejas chismosas del barrio por la madrugada, lo mataron, violaron y le robaron algunas cosas; una de las viejitas (nada raro que estas viejas sean las primeras en enterarse de todo) vio el cadáver de Leandry a través de las persianas abiertas de su cuarto. Tito dedujo que a la hora del asesinato la vecindad dormía, así que, al ver la entrada y pedir a los oficiales que dejasen el recinto de la víctima intacto, se puso a trabajar. Antes le llamó la atención que salieran muy asqueados, más de uno quiso decirle qué vieron. Tito no los dejó hablar. —Mi método es memorizar lugares visitados e inspeccionar sin datos iniciales. No me lo estropee, por favor, estoy trabajando en base a eso. Manos a la obra. Casa con patio frontal y trasero rodeada de muro azul con negras vallas de hierro puntiagudas, se dijo; césped… no, no, no, faltan cosas antes de ir ahí. Se mordió una uña. Cálmate, haz las cosas en orden de inicio a fin, pensó; bien: en el muro no hay resquicios ni objetos alrededor que faciliten la subida, tampoco se ven otras formas de saltarlo, hay una mata de mango alta en el patio, pero no está pegada al muro como para facilitar.alguna escalada; si el criminal no se dañó o no rajó alguna ropa, es probable que fuese atlético y cuidadoso, además, el muro es de mi tamaño, debe ser de mi estatura o más para subirlo fácilmente; también significa que entró y salió calmado; revisaré antes alrededor. Tito rodeó el muro desde los patios y se percató que una de las vallas puntiagudas en la parte trasera tenía manchas verdes secas (tras eso se mordió otra vez las uñas. Era lo único que sabía para mitigar sus compulsiones, además de fumar). Frunció el ceño y revisó alrededor si habían más. Encontró un charquito y unas gotas en la pared, todo seco. El hedor desprendido era repugnante, familiar. Esto… ¿qué se supone que es esto?, se dijo; el criminal o llevó este líquido adentro, de seguro para usarlo en la víctima, y al parecer fue torpe y de algún modo, probablemente por pincharse el recipiente, dejó esta evidencia, o ya el líquido con el recipiente estaba dentro… y que yo recuerde… hm. Se tocó la cabeza como siempre. No, pensó, ayer cuando vine no habían manchas, y no recuerdo algún envase con líquido verde dentro de la casa, y cuando conversamos tampoco mencionó algo parecido; no descartaré que el líquido pudo estar dentro, lo confirmaré cuando revise bien. Finalizó la investigación exterior, por lo que investigó ambos patios, donde no encontró algo significativo, y luego pasó al plato fuerte, y realmente asqueroso. El hogar es pequeño y solamente tiene dos entradas importantes, se dijo, la del frente y la trasera, cuyas puertas están intactas; sin embargo, muchas de las paredes están recubiertas con arbustos hasta el hartazgo; miraré entre ellas por si acaso. Se sacó un pedazo de uña y lo escupió. Removió arbustos y pensó que había demasiado desorden, como si el criminal en busca de no delatarse innovó. Tito removió los arbustos de las paredes y se quedó congelado con el ceño aún más fruncido al no encontrar nada. Volvió a morderse las uñas, ya se arrepentía el muy tonto de haber dejado de fumar. El culpable… el cullpable entró de otra manera, se dijo. Le sudaba la frente y le dolía la cabeza. Calma, pensó, calma. Respiró y se volteó mientras miraba al cielo. El exterior ya está zanjado, se dijo, revisaré adentro antes de ir a la habitación donde el cadáver de la víctima. Al adentrarse, había una pestilencia rondando y por ello Tito se tapó la nariz. Como están cerradas las ventanas, se dijo, es evidente que pululó por la casa, ya entiendo por qué estaban asqueados esos agentes; no me demoraré más. Revisó el baño: limpio, la sala; algo desordenada y con la bebida que ayer había tomado Tito con Leandry, la cocina; con platos por fregar, y en la búsqueda, mientras abría gavetas, encontró, tras un gabinete de portón contiguo a las tuberías del fregadero, un hoyo muy grande, a lo que se conmocionó y le voló caspa como copos de nieve al restregarse la cabeza por el estrés. Cómo… no, no, por qué, se dijo; el criminal entonces…; no tiene sentido; entró aquí y salió por la valla, es lo único razonable, pero por qué no saldría por el mismo agujero del que entró; aparte, según entendí, robó cosas, su mejor escape es por aquí, a no ser que lo robado no cupiese ahí y necesitara la salida externa; pero eso complica demasiado las cosas, por qué se tomaría tanto esfuerzo siquiera para alguien tan inofensivo como Leandry; debe ser un maniático, un psicópata. Observó el interior desde el borde del hoyo y el hedor que chocó con su rostro fue tan asqueroso que lo sentía fuera de este mundo, imposible de replicar y con tanta efectividad que no supo cómo no vomitó. Qué asco, se dijo, este singao parece que le gusta hundirse en la podredumbre; debió echar algo dentro del hoyo al entrar (o después del crimen, que es más probable, y ya de paso aprovechar las llaves); hablando de robar, no vi nada faltante en la sala ni aquí ni en el baño, debió robar en la habitación de Leandry, tal vez después de matarlo; todo apunta que la mayoría de pistas las encontraré en la habitación; llamaré a los oficiales, ordenaré que revisen el hoyo, no pienso meterme allá dentro, el trastorno obsesivo-compulsivo no me dejaría aguantarlo. Hecha la llamada, faltaba la habitación, donde, muy seguro, encontraría algo delator. Entró y se tapó la nariz. Igual vomitó con ver el cadáver de Leandry: un gordinflón con el cuello cortado y las tripas colmadas de líquido verde exhibiéndose debajo de su abdomen y el ano inhumanamente abierto; le cabía una mano y unos cuatro dedos promedio con facilidad. Qué mierda, qué carajo, se dijo, este enfermo qué le hizo. Se apretó bien los labios, no quería despedir otra parte del desayuno. Asqueroso hijoeputa, pensó, singao, bugarrón, por esto los agentes se asquearon, no por el hedor, qué asco. Al acostumbrarse lentamente, abrió una ventana y respiró aire fresco fresquísimo. Inspeccionó la habitación antes de asquearse con más detalles del cadáver, y ahí se impresionó al notar que faltaba una mesita de noche. La recordaba bien, Leandry el otro día, antes de tener el ano abierto y el cuello desgarrado y las tripas besando las sábanas, le especulaba sobre el escondite de sus botellas de ron, le enseñó el cuarto y Tito lo memorizó como siempre hacía. E ingrato le fue no encontrar esas botellas también. Lo tengo, debe ser alguien cercano; Leandry solamente enseñó el escondite a sus familiares y a algunos vecinos, recordó; el rango de sospechosos ha disminuido; ¿qué es eso? Frente al espacio donde las botellas, había un escrito en verde pegado a la pared, que recitaba: ¡Iä! ¡Shub-Niggunath! ¡La Cabra Negra de los bosques con Mil Cabritos! N’gai, n’gha’ghaa, bugg-shoggog, y’hah; Yog-Sothoth, Yog-Sothoth… Qué es esta mierda, se dijo, ¿qué hace este lenguaje lovecraftiano acá?; este tipo se está burlando de mí. Tito, con ojos aguados y mordiendo lo que le quedaba de uña al pulgar, se rascó su barba de tres días y se le subió el calor a la cabeza, tanto que muerde el dedo directamente, dejándose marcas serias. O acaso…, reiteró, o acaso este psicópata de verdad cree en eso, todo aquí es demasiado extraño, ese líquido verde, el culo de Leandry, el hoyo, como si hubiera sido hecho por un sectario psicópata que estuviera sacrificando una persona violada a sus dioses, está loco, debo encontrarlo rápido. —No tienes que ir tan lejos. —Tito al escucharme se volteó y dijo—: ¿Qué? —No veía nada (evidentemente)—. Que no tienes que ir tan lejos. ¿Quién eres? Soy tú. ¿Qué? ¿Me habré golpeado la cabeza acaso? No, no, soy quien has evitado toda tu vida, Tito. Estoy loco, debo estar enloqueciendo. Te dije que no lo estás, he estado aquí desde siempre y me gusta narrar para mí mismo las cosas que haces, para no olvidar mi voz y lo que quiero hacer; has controlado el cuerpo casi todo este tiempo y has intentado matarme con esos estúpidos antidepresivos desde que eras un tonto niño. ¿Qué? ¿Qué hablas? Saldré rápido, no me quedaré aquí más tiempo. No, no, Tito, ahora yo te controlo, quédate quieto y te explicaré lo que sucederá de ahora en adelante. No puedo moverme, ¡qué me haces! Mira, es sencillo, esta es mi venganza, planeé todo esto por mucho tiempo y estoy cansado, quiero que nos suicidemos de una vez. No, no, no, qué estás pretendiendo, ¡yo no te hecho nada! No grites, no saldrá tu voz, como te he dicho, tengo tu cuerpo controlado, te estresé tanto con las pistas que te dejé con defensas bajas, y ahora estás más estresado todavía con solo escucharme. Escúchame, por favor, libérame, no sé quién… No, no, tú escúchame, Tito, yo soy, según lo investigué cuando he tenido el control, otra personalidad tuya, tienes un trastorno de disociación psicótica, y como te dije antes, me has intentado matar pensando que matabas tu tal vez inexistente trastorno obsesivo-compulsivo; estoy cansadísimo, quiero terminar mi sufrimiento, y lamentablemente, Tito, acabar con mi sufrimiento supone acabar con el tuyo, ¿y qué mejor que arruinándote la vida? Usé mi ingenio contra el tuyo, sorprendentemente no fue difícil; bueno, ya llegaron los policías. ¿Qué me harás? Ya verás, Tito, y ya no intentes moverte, no puedes. Entran y les sonrío. —Miren, dentro del gabinete que oculta las tuberías del lavabo está el hoyo que les dije, investiguen mientras busco más pistas sobre el criminal. ¿Por qué ese hoyo? Tito, el túnel del hoyo empieza aquí y culmina al lado de la mesita de noche robada en el patio de tu casa.
Opciones
Responder
Redimensionar
Posicionar
Ocultar?
Grabar
Notificar
Expirar
Esperando actividad (10)
anom
anom AnJjpWu9Nu 16
opa bumpa style
anom
anom cSCta2RS7k 16
Hola vengo bumpeo y me voy
anom
anom ljBr1iROeZ 16
hcPq6XUA5j umbandista violenta
anom
anom hcPq6XUA5j 16
anom
anom I5ZRWNYZcU 16
sBgpmSbBJI true crime
anom
anom sBgpmSbBJI 16
anom
anom ELCLCpcfRv 16
nXnBPJHJdh cri cri
anom
anom huAAOCqC5w 16
👁️
5mentarios! Qué te cuesta dejar uno?